Poder

Poder: sentirlo, comprenderlo, transformarlo

El poder es como un fármaco puede sanar y puede dañar. El ejercicio del poder implica una gran responsabilidad.

El poder en la poesía (sentir)
La poesía viene a ser lo contrario del poder. Una manifestación de que lo más esencial del ser humano permanece indemne al poder.

La poesía capta el poder como brillo y como sombra: la sensación de ser visto o invisible, de dominar o ser dominado. Sentir poder puede ser vértigo o asfixia; puede ser la pulsión de cambiar el mundo o el peso de una autoridad impuesta. Los versos recuerdan que el poder es humano, y por tanto frágil y corruptible, pero también capaz de crear belleza.

El poder en la filosofía (pensar)
La filosofía analiza sus fuentes y límites: poder como capacidad, poder como dominación, poder como autoridad legítima. Desde Hobbes hasta Foucault, se estudia cómo se organiza, cómo se legitima y cómo se resiste. Pensar el poder es preguntar quién decide, por qué y con qué consecuencias; es proponer contrapesos y ética para su ejercicio responsable.

El poder en la política (actuar)
La política es el escenario donde el poder se ejerce abiertamente: gobiernos, instituciones, movimientos sociales. Aquí el poder puede ser destructor o emancipador. La política revela que el poder también es distribuir recursos y oportunidades; por eso es crucial la transparencia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana. Transformar el poder implica democratizarlo, descentralizarlo y hacer que responda a quienes antes fueron silenciados.

Conclusión integradora
El poder necesita la sensibilidad poética para reconocer su impacto humano, la reflexión filosófica para regularse, y la práctica política para redirigirse hacia la justicia. Cuando entendemos poder como responsabilidad y lo sometemos a crítica y participación, dejamos espacio para un ejercicio que dignifique a todos.

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