Amor: 3 perspectivas
1. Amor: arte, voluntad, desafío.
Pensemos un momento en el amor. ¿Qué es en realidad? es esa emoción que nos lleva casi como una pluma al viento o es más bien una decisión, algo que ancla nuestra vida y le da sustancia. ¿Podemos dejar el amor fuera de nuestra vida? Algunos responderán que si. Sin percatarse que en realidad el amor adopta diversas formas en la sociedad y en la experiencia humana.
Se pueden distinguir varios tipos o facetas del amor y las relaciones:
1. Basado en la naturaleza del vínculo:
- Amor (o amor auténtico): Definido como «la voluntad de extender el propio yo para favorecer el crecimiento espiritual de uno mismo o el de otra persona». Este amor exige intencionalmente varios componentes: cuidado, afecto, reconocimiento, respeto, compromiso y confianza, además de una comunicación sincera. Se le considera un acto de la voluntad y una elección, no un mero instinto.
- Catexis (o inversión emocional): Es la inversión de sentimientos y emociones en otra persona cuando uno se siente profundamente atraído; a menudo se «confunde la catexis con el amor», aunque las personas bajo catexis puedan estar hiriendo o descuidando a su pareja.
- Amistad erótica: Se describe como una relación no sentimental en la que los participantes no reivindican la vida ni la libertad del otro.
- Deseo vs. Amor: El deseo se define como la voluntad de consumir, absorber, devorar y, en esencia, aniquilar el objeto, mientras que el amor es la voluntad de cuidar y preservar el objeto amado.
2. Tipos de amor ético y espiritual:
- Amor propio: Entendido como la base de la capacidad de amar, se cultiva mediante la autoaceptación y la responsabilidad. Se postula como una cuestión de supervivencia, aunque la supervivencia solo se convierte en «sobrevivencia humana» con la extensión de este hacia el prójimo.
- Amor divino/Espiritualidad: Se le considera una fuerza activa y la liberación del corazón. El amor divino y la idea de la fe en el amor como fenómeno social se basa en la esencia misma del hombre.
- Amor al prójimo: La exigencia de amar al prójimo como a sí mismo es considerada el acto de origen de la humanidad y la transición del instinto de supervivencia a la moralidad.
- Compasión: Definida como «el sentimiento más elevado», es el arte de la telepatía sensible, que significa saber vivir con el otro su desgracia y sentir con él cualquier otro sentimiento, ya sea alegría, angustia, felicidad o dolor.
3. Categorías de relaciones sociales:
- Amor romántico: Se le ve como una ilusión dañina, que implica que el amor «sucede» sin voluntad o elección. El modelo tradicional de amor romántico, «hasta que la muerte nos separe,» está decididamente fuera de moda en la modernidad.
- Relaciones de bolsillo: Son relaciones efímeras, de corta duración y dulces, que se pueden «guardar en el bolsillo» y usar cuando sea necesario, evitando el compromiso a largo plazo.
- Conexiones: Actualmente, se prefiere hablar de «conexiones» en lugar de «relaciones» para enfatizar la naturaleza revocable e inmediata del vínculo, donde se puede «apretar la tecla de deletar» fácilmente.
- Casales semi-separados (CSSs): Se presenta como un nuevo modelo de pareja que «rompe la burbuja sofocante del casal» y prefiere mantener domicilios, cuentas y círculos de amistad separados, reuniéndose solo a tiempo parcial.
4. Vínculos singulares:
- Amor como utopía/destino: El amor puede ser visto como un «verdadero destino» o una «utopía». Milan Kundera menciona el amor que se busca como la «mitad perdida de nosotros mismos» (haciendo referencia al mito de Hermafrodita de El banquete de Platón).
- Amor entre persona y perro: Se describe como un «idilio», un amor desinteresado, voluntario, sin conflictos ni exigencias de ser amado, y de una clase superior al amor humano.
Entonces, ¿Qué es el amor? el amor es un misterio, una fuerza fundamental que atraviesa la experiencia humana. Es el sentimiento que más nos define: nos conmueve, nos hace pensar y nos empuja a actuar. Todo parte del amor y todo llega a él.
El amor, o la falta de él, moldea nuestra existencia. El amor convoca la pasión del poeta, el rigor del filósofo y la inquietud del político.
2. El amor desde la poesía: fuego, metáfora y fragilidad
En la poesía el amor se revela como una fuerza total, a menudo contradictoria, que desafía la realidad y la lógica. La experiencia amorosa es una obsesión que lo llena todo. Es puro sentimiento y metáfora. Los poetas lo comparan con mariposas, con fuego o con un río que se desborda.
La pasión es descrita con un lenguaje que invoca elementos fundamentales de la naturaleza: el cuerpo amado se evoca como «blancas colinas, muslos blancos», y la presencia de la amada transforma el cielo, el viento y la naturaleza circundante. Los poetas perciben el amor como una tempestad o un naufragio, una «ola de angustia» o un impulso que puede llevar al éxtasis o a la desesperación.
Para el poeta, el amor existe en una dimensión más allá de lo físico, donde la fantasía y la escritura son su morada más segura. Se convierte en una búsqueda del «centro puro, inmóvil» de la persona amada, un intento de capturar lo absoluto y lo perdurable. La voz del poeta se vuelve un cántico que aspira a la permanencia y la eternización.
No obstante, esta devoción sublime está frecuentemente teñida de miedo y fragilidad. El amor también se experimenta con una mezcla de «dicha y dolor», y el individuo se siente temeroso y desvalido ante la intensidad de la emoción. Esta fragilidad se manifiesta en la angustia ante la pérdida y la separación, e incluso ante la propia intimidad sexual.
Cuando la poesía habla del amor, lo hace desde el cuerpo y desde las imágenes: el latido, la ausencia que duele, la mirada que transforma lo cotidiano en sagrado. En los poemas de Bécquer, Shakespeare o la tradición popular, el amor se siente en el cuerpo y el alma, no en la razón.
Cada poeta encuentra imágenes únicas: para unos el amor es luz, para otros es tristeza dulce, para muchos es esperanza. Esta perspectiva pone el énfasis en el sentir: el amor poético es arder de emoción al escuchar un nombre, es estremecerse ante la belleza del amado, es la inocencia y la pasión. La poesía nos dice que el amor es una experiencia que se vive con intensidad en el corazón.
3. El amor desde la filosofía: voluntad, crecimiento, alegría
La filosofía aborda el amor no como un estado místico, sino como una actividad ética y racional que exige intencionalidad y compromiso. Según esta visión, el amor es esencialmente un acto de la voluntad, una elección, más que un sentimiento instintivo.
Desde Platón hasta pensadores contemporáneos, el amor fue definido y teorizado como un deseo sublime. En Platón (en el Banquete), el amor es un impulso ascendente hacia la belleza y la verdad: «el amor es el deseo de lo bueno y lo bello para siempre». Esto sugiere que amar significa anhelar ideales elevados y trascender lo puramente físico.
Aristóteles, por su parte, vinculó el amor con la amistad y el bien mutuo: para él, «amar es alegrarse» y «querer para alguien lo que se piensa que es bueno». En otras palabras, el amor verdadero incluye la voluntad de lo mejor para el otro, no como mera emoción, sino como un acto de reconocimiento ético.
La elección del amor está vinculada a la libertad humana: la ética, que es el arte de vivir bien, es el intento racional de descubrir cómo vivir mejor. El mayor premio ético es la alegría, un «sí» espontáneo a la vida que abarca tanto el placer como el dolor. Además, el amor es fundamental para nuestra humanidad, ya que al tratar a las personas como tales, y no como cosas, hacemos posible recibir de ellas lo que solo una persona puede dar: aprecio, respeto y complicidad.
Para amar de verdad, es preciso cultivar intencionalmente una serie de componentes clave: el cuidado, el afecto, el respeto, la responsabilidad y la confianza, además de una comunicación sincera. Esto implica que el amor y el maltrato o el abuso son incompatibles por definición.
La filosofía no pretende apagar la llama; más bien la examina: ¿qué es amar?, ¿es elección o inclinación?, ¿qué obligaciones genera el amor? Filósofos clásicos y modernos han reflexionado sobre el amor como deseo, virtud y relación ética.
Ideas clave de la tradición filosófica:
- Amor como deseo del bien: pensar el amor implica entender que no es solo placer: amar supone querer lo bueno para el otro. Es una intención que orienta la conducta.
- Amor como forma de conocimiento: algunas corrientes sostienen que amando conocemos de otra manera: comprendemos deseos, límites y sentido de la vida del otro.
- Amor y ética: amar implica responsabilidad. No se trata solo de sentimiento íntimo; implica atención, respeto y, a veces, renuncia.
La filosofía presenta al amor como una idea con dimensiones éticas: un compromiso reflexivo, un conjunto de cualidades (paciencia, respeto, humildad) y un ideal que orienta nuestras acciones.
A diferencia del lenguaje directo de la poesía, aquí se usa la lógica para preguntar: ¿qué es amar?, ¿cómo influye en nuestra libertad y moralidad?, ¿es una elección o una inclinación natural? Los filósofos equilibran sentimiento y razón, postulando que el amor nos eleva hacia lo universal y nos convierte en mejores personas.
4. El amor desde la política: justicia, poder, sociedad
En el ámbito político, el amor adquiere un sentido de acción social y cuidado colectivo. No se trata de romance privado, sino de amor al prójimo y al bien común. Conceptos como solidaridad, compasión y justicia social son expresiones de un amor “político”.
La organización política ideal, desde una perspectiva ética, debe basarse en la libertad, la justicia y la asistencia, y asegurar la dignidad de cada individuo. En este contexto, la compasión (simpatía o compasión) se convierte en una virtud política, manifestada en la voluntad de ayudar a quienes sufren.
En este contexto, amar significa ponerse en el lugar de los demás y luchar contra las injusticias. La política del amor lleva a reconocer las desigualdades del mundo y a actuar para corregirlas. Esto implica que el amor político es decisión y compromiso: no basta con sentir empatía, hay que transformarla en leyes, movimientos y cambios sociales.
Asimismo, valores cercanos al amor íntimo como la generosidad o el altruismo se extienden al ámbito público. Compartir recursos, promover la equidad y velar por los más vulnerables son actos de amor colectivo.
Sin embargo, en la modernidad, los lazos humanos se han vuelto frágiles y ambivalentes. La sociedad de consumo fomenta el individualismo y la avaricia, promoviendo relaciones que se entienden como inversiones o mercancías. Los «relacionamientos» tienden a ser «conexiones» efímeras y revocables («relaciones de bolsillo») para proteger la libertad individual y evitar el compromiso a largo plazo. Esta dinámica, sin embargo, genera una profunda inseguridad existencial.
Desde el enfoque político, amar es luchar por la educación, la salud y la dignidad de todos, creyendo en la fraternidad humana. Así, la política del amor se refleja en la empatía. En conjunto, esta perspectiva ve el amor como la fuerza que inspira la justicia social, transformando el afecto en acciones solidarias para mejorar la vida en comunidad.
La política, cuando se entiende en su mejor sentido, es el arte de convivir y cuidar lo común. Desde esa mirada, el amor se vuelve preocupación colectiva: solidaridad, justicia social, cuidado del vulnerable, políticas públicas orientadas al bienestar. Amar políticamente es traducir la empatía en instituciones, leyes y prácticas que protejan la dignidad de todas las personas.
Cómo se ve el amor en la acción pública
- Solidaridad: asistencias, redes comunitarias, apoyo en crisis.
- Justicia social: medidas que reducen desigualdades y amplían oportunidades.
- Cuidado: políticas que reconocen la vulnerabilidad (salud, educación, vivienda) como prioridad ética.
Conclusión integradora: el amor como triada viva
Sentir, pensar y actuar: esa triada define un amor maduro y útil. La poesía nos devuelve la intensidad y la belleza de amar; la filosofía nos da los marcos para no extraviar esa fuerza —para que el amor no sea excusa de abuso o ceguera—; y la política nos recuerda que el amor más noble es el que se convierte en cuidado colectivo.
La búsqueda de un amor que brinde plenitud y crecimiento espiritual («buena vida humana») es un proyecto que requiere, ineludiblemente, tomar partido. No basta con el arrebato poético, ni con la mera conveniencia social. El amor, para ser pleno, debe ser un acto consciente de extensión del yo hacia el otro, oponiéndose a las fuerzas que buscan reducir al ser humano a un mero consumidor o a un objeto de dominio.
Así, sentir amor poético, entenderlo racionalmente y practicarlo socialmente son modos distintos de un mismo viaje: construir un mundo más humano, más bello y más justo a través del cuidado mutuo y la pasión compartida.
El amor, en todas sus facetas, es la demostración más clara de que no estamos condenados a la inercia, sino a la libertad. Es la elección diaria de construir juntos, a pesar de la certeza de la fragilidad y el riesgo. En un mundo que nos ofrece incesantes motivos para la desesperación y el cinismo, el amor sigue siendo el motor para reivindicar un retorno a la vida en plenitud.
