Cartas a Milena – Franz Kafka

Cartas a Milena: La pasión epistolar, el miedo y la búsqueda de la pureza

Cartas a Milena recoge la intensa y trágica correspondencia mantenida por Franz Kafka (1883-1924) con la periodista y traductora checa Milena Jesenská (1896-1944) entre 1920 y 1922. Esta colección de misivas se ha interpretado como una novela de amor apasionado y desesperado.

Resumen del contexto

La relación comenzó tras un encuentro casual en Praga, motivado por el interés de Milena en traducir los relatos de Kafka al checo. A pesar de que los encuentros físicos fueron esporádicos, la relación creció en intensidad emocional a través de las cartas. Milena era una mujer de «vivo temperamento,» culta y poseedora de una fuerza vital que fascinaba a Kafka.

Kafka, en cambio, estaba en un momento de fragilidad extrema, convencido de que su tuberculosis pulmonar era solo el desborde de una «enfermedad psíquica» que lo consumía. Él se enamoró de Milena «sin conocerla,» fascinado por la mujer que imaginaba a través de sus escritos.

La intensidad de las cartas culminó en un encuentro de cuatro días en Viena, que Kafka consideró los días más felices de su vida. Milena había conseguido que él perdiera su «miedo» y bromeaba sobre su ascetismo. Él regresó a Praga brevemente convencido de que si era posible morir de felicidad, él seguiría viviendo de ella.

Sin embargo, Milena se sentía «firmemente enraizada» en su vida y no fue capaz de abandonar a su marido (quien le era infiel con frecuencia, pero estaba enfermo y a quien ella amaba a su manera). Kafka se desesperó ante la falta de una resolución total. Finalmente, el escritor, abrumado por sus temores y por la imposibilidad de vivir en su entorno «humanamente», le pidió a Milena que dejara de escribirle e impidiera todo encuentro.

Miedo, pureza y la carga del ser

La correspondencia revela una lucha existencial que puede analizarse a través de las perspectivas éticas y filosóficas propuestas en las otras fuentes:

1. El Amor como ascetismo y la negación de la carne

Kafka veía la pasión con un miedo profundo, describiendo un abismo entre la felicidad diurna con Milena y la «media hora en la cama» nocturna. Milena notó que el miedo de Kafka se refería a «la carne», que le resultaba «demasiado al descubierto».

Este conflicto refleja la dualidad entre el alma y el cuerpo, Kafka buscaba una «absoluta, irrevocable necesidad de perfección, de pureza y de verdad», lo que, según Milena, lo forzaba a un «riguroso ascetismo». Para Kafka, la intimidad real (el acto físico) destruía la «posesión» platónica del mundo que sentía al ver a Milena.

Milena, por su parte, se sintió culpable de no haber sido capaz de aceptar esa vida ascética. Este patrón se relaciona con el análisis de Bell Hooks, quien señala que las mujeres a menudo son educadas para ser «guías» en asuntos emocionales y para internalizar la culpa y la falta de autoestima ante el fracaso de la relación, incluso cuando el hombre es emocionalmente no disponible.

La soledad y el miedo a la autenticidad

Kafka define su vida en términos de insuficiencia y defecto: se considera «impuro» y «villano», e incluso llega a sentir náuseas por sí mismo. Esta falta de amor propio, junto con su convicción de que su existencia consiste en una «amenaza soterrada», lo lleva a la reclusión.

La decisión final de romper y exigir el silencio no es vista por Kafka como una elección libre, sino como una necesidad impuesta por su «impotencia» y el «reglamento de la prisión».

Desde la óptica filosófica: La incapacidad de Kafka para amar se debe a su negativa a extender el propio yo para el crecimiento mutuo, ya que estaba completamente consumido por su neurosis interna. La voluntad de amar, que requiere compromiso y disciplina, queda anulada por el miedo.

Desde la óptica ética: Kafka, incapaz de mentir en la oficina para justificar su viaje, se ve paralizado por una sinceridad destructiva que le impide participar en la vida social y que Milena reconoce como el «único hombre puro».

El peso irresistible de la responsabilidad

Kafka regresa a Praga desde Viena con una sensación de que su amor por Milena era una carga insoportable, lo opuesto a la dulce levedad que sentía Tomás en La insoportable levedad del ser tras su breve libertad.

El amor por Milena se convierte en una «insoportable responsabilidad» que su frágil existencia no puede asumir. Milena, por su parte, también se siente responsable por el empeoramiento de su salud: «Si yo hubiera sido capaz de irme con él, él habría podido vivir feliz conmigo».

La intensidad de la correspondencia y la necesidad de Kafka de tener a Milena como testigo y apoyo eran tan grandes que el contacto real y continuo amenaza su vida. De ahí su «ruego completamente mortal» de que ella no le escriba más. La única solución para Kafka es, irónicamente, la separación absoluta, que elimina el peso y la presión de la relación.

Conclusiones

La relación epistolar de Kafka y Milena ilustra la tensión entre el ideal romántico (buscado por Milena) y la realidad psíquica de un individuo (Kafka) que huye de la vida por un profundo miedo al compromiso y al contacto, viéndolos como una amenaza a su frágil existencia.

El amor, en este caso, fracasa porque choca contra la incapacidad de Kafka de ofrecer reciprocidad y compromiso, una condición básica para el amor maduro. El miedo a la impureza (miedo metafísico) le impide experimentar la alegría (premio ético) y lo condena a una existencia de ascetismo obligatorio

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