La insoportable levedad del ser – Milan Kundera

El eterno retorno en la vida cotidiana
Imagina que te despiertas un lunes, como todos los lunes. Vas a un trabajo que no te gusta del todo. Por la tarde regresas cansado, te sientas frente al televisor sin ganas de hacer nada. Tienes una discusión pequeña con tu pareja. Te encierras en tu cuarto a escuchar música y más tarde te acuestas.
Ahora imagina que, justo antes de dormir, alguien te dice: “Esta misma jornada, con cada detalle —el cansancio, la discusión, el aburrimiento, ese pequeño momento de calma—
la vas a vivir de nuevo, exactamente igual, infinitas veces.
La primera reacción puede ser el rechazo. Piensas: “No quiero volver a pasar por esto.” “Ojalá mi vida fuera distinta.” “Necesito que el futuro lo arregle todo.” Esta reacción muestra una vida vivida en negación, esperando que algo fuera de la vida misma le dé sentido (otro trabajo, otra persona, otra promesa futura).
Otra opción es reaccionar afirmativamente. Te dices a ti mi mismo: “No es perfecta.” “Tiene dolor, errores y cansancio.” “Pero es mi vida, y la quiero tal como es.” Incluso podrías pensar: “Si esto vuelve eternamente, entonces quiero vivirlo con más atención, más decisión, más honestidad.”
El eterno retorno en la vida en pareja
Ahora imagina esta otra situación. Estás en una relación de pareja (o con alguien muy cercano). Hay algo que te molesta desde hace tiempo: una actitud, una distancia, una falta de escucha. No es una gran pelea, pero se repite. Para evitar el conflicto, callas. Te dices: “No vale la pena discutir” o “ya cambiará”. Pasan los días. La incomodidad se acumula.
Ahora imagina que alguien te dice: “Esta relación, tal como la vives hoy —con lo que dices y con lo que callas— se repetirá eternamente, exactamente igual.” La pregunta nietzscheana no es: “¿La otra persona va a cambiar?” Sino: “¿Puedes querer esta relación así, para siempre?”
Si piensas: “No podría soportarlo.” “Esto no es la vida que quiero.” “Ojalá fuera distinta.” Entonces el eterno retorno te muestra algo claro: No estás afirmando tu vida tal como la vives, sino aguantándola.
Tiene otra posibilidad: Aceptar que hablar puede traer conflicto, incluso dolor. Pero decidir decir lo que sientes no para que el otro cambie, sino para no vivir en negación. Tal vez la relación mejore, cambie de forma, o incluso termine. Pero en cualquier caso, podrías decir: “Esta fue mi elección. Puedo quererla, incluso si duele.” Eso es afirmar la vida: no huir del riesgo de vivir.
Las preguntas de Kundera
¿Quieres que tu vida tal como la estás viviendo se repita? que cada aburimiento, cada dolor, cada alegría, cada pensamiento, vuelva una y otra vez, en el mismo orden y sin nada nuevo, innumerables veces para siempre.
Si tu vida te parece insoportable, la idea del eterno retorno es una condena; pero si puedes decir sí a esa repetición, no solo aceptando que así sea sino deseando que así ocurra, has alcanzado la forma más alta de afirmación de la vida.
El mito del eterno retorno, la idea de repetir todo lo que hemos vivido, y repetirlo tantas veces hasta el infinito es demencial. Pero la idea de una vida que solo sucede una vez y que desaparece de una vez para siempre es triste y horrorosa. Sin embargo, quien es capaz de decir sí a la vida incluso en su aspecto más doloroso está en camino al amor fati.
Es decir, no solo aceptar lo que ocurre, sino querer que sea exactamente como es, sin quitar nada ni añadir nada, ni siquiera el dolor. No es resignación. No es consuelo. Es una afirmación total de la vida.
Podemos elegir pasar por la vida llevándola como una pesada carga o con la levedad con que se mueve el aire. ¿Qué es mejor? No hay respuesta solo una incógnita. Una contradicción. La misma contradicción entre Tomas y Teresa. La contradicción entre un amor que llega de manera inexplicable y el miedo a la responsabilidad.
El personaje central, Tomás, un cirujano, nació literariamente de la reflexión sobre el proverbio alemán «Einmal ist keinmal» (lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca). Tomás vive bajo la creencia de que la vida, al no repetirse, carece de peso y es maravillosamente leve. Esta levedad se manifiesta en su deseo «irrefrenable» de tener múltiples amantes, un sistema que él llama «amistad erótica».
Teresa, su amante y luego esposa, nació de una situación que revela la dualidad irreconciliable del cuerpo y el alma: una vez que conoció a Tomás, sus vísceras comenzaron a sonar en voz alta por la ansiedad. Tomás siente un «inexplicable amor» por ella, viéndola como una niña abandonada que recogió en un cesto untado con pez. Para Tomás, el verdadero corpus delicti del amor es el deseo de dormir junto a alguien, a diferencia del deseo de acostarse con alguien.
El amor de Tomás por Teresa se basa en seis casualidades improbables (incluyendo la ciática de su jefe y un encuentro en un hotel), lo que sugiere que su historia de amor se construyó bajo el principio de es konnte auch anders sein (también podría haber sido de otro modo).
El peso de la conciencia
A pesar de su amor, Teresa sufre una intensa celopatía. Sus celos, reprimidos durante el día, se manifiestan en sueños recurrentes y violentos, como aquel en el que Tomás, su ejecutor, disparaba a mujeres desnudas en una piscina.
La relación se desarrolla en Praga durante el régimen comunista. Tomás escribe un artículo comparando a los comunistas que renegaban de sus crímenes (alegando ignorancia) con Edipo, quien se castigó a sí mismo a pesar de su inocencia interior. La publicación de este artículo, en el que insiste en que la culpa reside en el desconocimiento, lo lleva a ser perseguido y finalmente, a renunciar a su profesión de cirujano.
Tomás experimenta el concepto de compasión (Mitgefühl) como la carga más pesada, pues es el dolor sentido con, por y para otro, magnificado por la imaginación. Su decisión de volver con Teresa a Praga desde Zúrich se basó en el peso de esta compasión, repitiéndose a sí mismo «¡Es muss sein!» (¡Tiene que ser!), una decisión de peso que contradecía la dulce levedad que sentía en su libertad.
La levedad del deseo
Sabina, la amante de Tomás, es una pintora que representa el polo opuesto al kitsch, un concepto que ella define como «la negación absoluta de la mierda», eliminando de la existencia todo lo esencialmente inaceptable. El kitsch es el ideal estético de todos los políticos y movimientos, ya que crea la ilusión de un «acuerdo categórico con el ser».
Franz, el amante de Sabina y profesor universitario, representa el idealismo lírico y kitsch de la «Gran Marcha», la idea de progreso y lucha hacia adelante. Sabina persigue una libertad que la conduce a la insoportable levedad del ser, sintiendo un vacío tras traicionar sus compromisos y relaciones.
Final trágico
Tomás y Teresa finalmente se trasladan al campo, donde Tomás trabaja como conductor de camión, logrando una «dulce indiferencia» y paz de sus impulsos poligámicos. Su amor es descrito como un idilio en compañía de su perra Karenin, que, al no haber sido expulsada del Paraíso, representa el amor incondicional.
El final de la novela ocurre cuando Tomás y Teresa mueren juntos en un accidente de camión debido a fallos en los frenos. Tomás muere como Tristán, demostrando que su amor por Teresa fue el más importante, a pesar de su pasado de Don Juan.
