«Odio incluso a esos débiles, de espíritu confuso. que piden todos los derechos para el individuo: el límite de un individuo no está solamente dado por los derechos de otro, sino aún más duramente lo está por los del pueblo. Cada hombre es solidario del pueblo, comparte sus sufrimientos o sus conquistas, sus fibras son parte de una masa viva (sin estar por esto menos solo en los momentos graves).»
George BATAILLE – Sobre Nietzsche

1. ¿Qué es la política?
La política trata de las personas y las cosas. Las relaciones entre las personas (mandar u obedecer) y las decisiones colectivas sobre cómo se reparten y quién se queda con las cosas (distribución de los recursos) . En otras palabras, la política trata sobre decisiones colectivas y acciones que afectan la distribución del poder y los recursos en una sociedad.
2. ¿A quién beneficia la apatía política?
Muchas veces llegamos a la conclusión que la política es sucia y corrupta: que los políticos mienten, que prometen y no cumplen; que solo buscan su beneficio personal; que no representan realmente a la gente común. Si como decimos la política trata del reparto de las cosas en el interior de la ciudad ¿A quién beneficia la apatía política?
La baja participación política facilita la corrupción, la falta de transparencia, la pérdida de derechos, la desigualdad y la manipulación de la opinión pública.
3. ¿Por qué la política te afecta aunque no te guste?
La política no es un espectáculo reservado para unos pocos, ni un juego entre profesionales del poder. La política somos todos. Es la manera en que una sociedad decide qué es justo, qué es urgente y qué es necesario para vivir mejor.
Aristóteles decía que el ser humano es un “animal político”, y tenía razón: nacemos para convivir, para encontrarnos, para acordar. Cada vez que una comunidad elige sus reglas, cuando una familia pacta cómo organizarse o cuando un barrio decide cómo cuidarse, hay política. Porque la política no vive solo en los parlamentos; vive en nuestras decisiones cotidianas.
A veces puede parecer complicada, ruidosa o incluso decepcionante. Pero es inevitable. Siempre que haya dos personas juntas, habrá que definir cómo convivir. Hasta cuando decides “no meterte” en política, estás tomando una postura, porque sin ciudadanos que participen, ninguna vida en común es posible.
La política es, en el fondo, el arte de imaginar juntos el mundo en el que queremos vivir.
Política como organización de la vida en común
La política no es algo que ocurre lejos, en edificios de mármol o en las pantallas de televisión. Es esa energía silenciosa que nace cuando convivimos, cuando compartimos un espacio, un sueño o un conflicto. Aristóteles lo expresó hace siglos: la política empieza en la familia y se expande hacia todo lo que tocamos. Y es verdad: a menos que vivamos como ermitaños, no podemos escapar de ella, porque afecta nuestras decisiones cotidianas.
La política es la forma en que aprendemos a convivir, a resolver lo que nos divide y a construir lo que nos une. Comprender esto no solo nos abre los ojos; nos da fuerza. Nos da herramientas para mirar críticamente nuestro entorno, reconocer las relaciones de poder que moldean nuestras vidas y, sobre todo, participar con más conciencia en la sociedad que estamos creando juntos.
Política más allá de los partidos
La política no es solo ese escenario lejano que imaginamos lleno de trajes y discursos. La verdad es que todos somos actores políticos, aunque no lo notemos. La política sucede cada vez que compartimos una opinión, cuando negociamos con otros, cuando buscamos acuerdos, cuando defendemos lo que creemos justo.
Está presente en la casa, en la escuela, en el trabajo, en la calle… incluso cuando no pensamos en ella. Porque cada conflicto que compartimos, cada decisión que impacta a más de una persona, es un acto político. La política no es algo que hacen “los de arriba”. La construimos nosotros, los ciudadanos, los movimientos sociales, los grupos que luchan por cambiar lo que duele y proteger lo que importa.
En esencia, la política es eso: la manera en que gestionamos juntos los conflictos y decidimos, como comunidad, el rumbo que queremos tomar. Todos formamos parte de ella. Nos atraviesa. Nos pertenece.
Cuando decides “no meterte en política”
Creemos que alejarnos es una forma de protegernos, de evitar conflictos o decepciones. Pero la verdad es que, incluso cuando elegimos mantenernos al margen, la política sigue entrando en nuestra vida: en el precio de lo que compramos, en la calidad de lo que estudiamos, en las oportunidades que tenemos.
No votar, no opinar o no participar no nos hace intocables. Solo deja que otros decidan por nosotros. Mientras tanto, las leyes, los acuerdos y las decisiones que nunca escuchamos se convierten silenciosamente en nuestro día a día. La política no es solo partidos, peleas o discursos. Es convivencia. Es lo que nos permite seguir siendo diferentes sin dejar de ser parte de algo común.
4. Elementos básicos de la vida política
La vida política no es algo lejano, frío o reservado para unos cuantos. Está hecha de las fuerzas que nos mueven como sociedad y de la voz que cada persona lleva dentro. Los dos elementos básicos de la vida política son el poder, con sus instituciones y su estructura, y los gobernados, los ciudadanos, con el marco que les permite participar.
En otras palabras, sin poder y sin ciudadanía no existe política… y sin política, no existe la posibilidad de construir un futuro compartido.
Poder
En las ciencias sociales, el poder es la capacidad de influir, de orientar, de transformar. En política, se manifiesta en actos tan distintos como un presidente firmando una ley, una comunidad reclamando justicia o un medio de comunicación despertando conciencia.
Maquiavelo, uno de los primeros en pensar el poder sin tapujos, decía que la esencia de la política es su ejercicio: esa tensión constante entre quienes quieren dirigir y quienes buscan ser escuchados. Y aunque a veces la política se vive como una lucha, también puede ser un espacio para encontrarnos, para crear, para decidir juntos.
Leyes
Las leyes son mucho más que normas escritas: son el marco que define cómo convivimos, qué derechos tenemos, qué deberes compartimos. Cada vez que accedemos a la salud, que participamos en una elección o que exigimos seguridad, estamos viviendo dentro de ese entramado legal que la política construyó supuestamente para protegernos.
Sin leyes claras, no habría orden ni justicia; no habría garantías, ni servicios públicos, ni herramientas para defendernos.
Instituciones
Son los lugares donde lo colectivo se vuelve posible. Parlamentos, gobiernos, tribunales, ayuntamientos: cada uno es una pieza del engranaje que hace funcionar a un país.
Max Weber, uno de los pensadores más influyentes, decía que la política es toda actividad que ocurre dentro de instituciones estables, siendo el Estado la más importante porque posee la autoridad legítima para actuar. Gracias a las instituciones, las decisiones dejan de ser ideas y se vuelven acciones: una ley se debate, un derecho se aplica, un barrio se organiza.
En resumen:
El poder, las leyes y las instituciones son los cimientos que sostienen la vida política. Sin poder para decidir, sin normas que nos protejan y sin instituciones que hagan realidad lo acordado, simplemente no habría manera de convivir, de construir, de soñar un país mejor.
5. ¿En qué te afecta la política?
La política es la estructura invisible que sostiene tu vida diaria, la que decide qué puedes hacer, qué derechos tienes y qué futuro te espera. Aunque no siempre la veas, está en cada paso que das.
En tus derechos y servicios esenciales
Cuando llevas a tu hijo a la escuela, cuando vas al médico, cuando abres el grifo y sale agua limpia, hay decisiones políticas detrás. Alguien decidió si tendrías educación pública de calidad, si tendrías un hospital cerca, si tus padres recibirían una pensión digna o si vivirías en un barrio seguro.
La política define esos derechos que das por hechos, pero que en realidad son conquistas colectivas que alguien protegió… o que alguien podría quitar.
En los impuestos que pagas
Tal vez no te guste pensar en ellos, pero los impuestos son el hilo que cose todo lo que funciona a tu alrededor. Son el precio de tener un país que cuida a los suyos: carreteras, ambulancias, escuelas, vacunas, ayudas sociales.
Cada decisión sobre subir o bajar un impuesto es una decisión sobre tu bolsillo, sí… Pero también es una decisión sobre el país que construimos juntos y lo que estamos dispuestos a cuidar. Los políticos que dicen odiar los impuestos son los que más viven de ellos.
En tu salario y en tu trabajo
Tu jornada, tu contrato, tu sueldo mínimo, tus vacaciones, tus derechos laborales… Nada de eso apareció por arte de magia. Son decisiones políticas que determinaron cuánto vale tu esfuerzo y qué tan protegido estás frente a la vida.
Un gobierno puede abrir oportunidades o cerrarlas. Puede impulsar la economía o frenarla. Y lo sientes directo en el bolsillo, en la estabilidad que tienes o en la que te falta.
En el aire que respiras y en los años que vas a vivir
Las leyes ambientales, de salud y seguridad no son simples papeles: son años de vida. Un país que protege sus ríos, su aire, su salud pública es un país donde la gente vive más y vive mejor.
Las decisiones políticas salvan vidas… o las acortan. Tu esperanza de vida, la de tus hijos, la de tus padres, está marcada por esas elecciones que otros toman.
La verdad es simple y profunda:
Todo lo que usas, todo lo que necesitas y todo lo que sueñas está atravesado por la política. Tu educación, tu trabajo, tu seguridad, tu salud, incluso el aire que respiras… Nada está fuera de ese marco.
Por eso no es cierto que “la política no te afecta”. La política te toca cada día, incluso cuando no quieres mirarla. Porque tú ya vives dentro de un sistema político que define tu presente… y moldea tu futuro.
6. Cómo acercarte a la política sin fanatismos
Para entender la política sin fanatismos, hay dos buenas reglas básicas: informarse y pensar antes de difundir ideas.
- Infórmate mejor: En lugar de quedarte con titulares o discursos parciales, lee fuentes variadas y confiables aunque no correspondan con tu inclinación política. Estudia de dónde viene la información, compara puntos de vista e investiga la realidad con datos. Con una buena base informativa podrás formarte opiniones críticas y discutir con fundamento, en lugar de repetir slogans sin entender el fondo.
- Piensa antes de compartirla: En tiempos de redes sociales, es fácil propagar noticias falsas o tendenciosas. Toma una pausa antes de compartir un contenido online. ¿A quién realmente favorece la noticia? ¿Te saltaste leyendo la fuente? ¿No verificaste si es real? Tomar unos segundos para evaluar la información ayuda a no transmitir y errores difundir propaganda involuntariamente.
Además de lo anterior, deja de lado la pasión fanática. Con el fanatico es imposible establecer una conversación. Conversar con respeto, escuchar activamente y hacer preguntas constructivas son métodos más productivos que pelear en redes.
En resumen, mantén la mente abierta: infórmate de fuentes variadas, sé crítico antes de compartir, y dialoga sin caer en dogmas o insultos. Así podrás entender la política con objetividad y participar en ella desde una postura razonada, no fanática.
